Mecanica

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viernes, 12 de julio de 2013

Lluvia...


La lluvia siempre viene acompañado de secretos para todos, algo de soñolencia resignada y amable, música que nos otorga al caer del cielo, música que hace vibrar el alma dormida del paisaje. ¡Oh! lluvia que une el cielo de la tierra, el mito primitivo que vuelve a realizarse. Eres la aura del fruto, la que nos trae las flores y nos unge de espíritu santo de los mares, la que derrama vida sobre las sementeras y en el alma tristeza de lo que no se sabe.  Viaje interminable que das por  toda la eternidad, agua dulce que viaja hasta ser abrazada por la sal. El amor se despierta en el gris del cielo que nos brindas, recordando viejos amores, extrañando los nuevos, o amelando los futuros. Ojos de infinito que miran en mi ventana, convirtiéndose en lagrimas desechadas, lagrimas de mi reflejo, lagrimas de mi pasado.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio y le dejan divinas heridas de diamante, heridas sin dolor cuando acaricias nuestro cuerpo, cuando nos cubres de tu húmedo y frió cariño, cuando nos cubres con esa manta helada convertida en viento. Lluvia serena, regalo para muchos, castigo y desdicha para otros, mujer de mil sentimientos, de mil sensaciones, manipuladora de corazones frágiles a punto de caer. ¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman y eres sobre el piano dulzura emocionante, das al alma las mismas nieblas y resonancias que pones en el alma dormida del paisaje! 

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